Actualmente pueden descargarse cerca de 200.000 aplicaciones de salud de los sistemas Android e iOS. La mayoría son para promover hábitos de vida saludables, pero también hay una parte que sirven para hacer seguimiento de enfermedades que sufren pacientes crónicos, como diabetes, asma u obesidad. A pesar de este boom de apps, que ha crecido año tras año, la Comisión Europea aún está pendiente de terminar qué filtros comunes deberían seguir antes de llegar a manos de los usuarios. “Hace más de tres años que está intentando definir recomendaciones en temas de salud móvil”, concreta Carme Carrion, profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud y miembro del eHealth Center de la UOC.

Según Carrion todavía es demasiado pronto para poder separar el “grano de la paja” y determinar qué aplicaciones son fiables para conseguir un hábito u objetivo concreto. A la espera de las recomendaciones de la Comisión Europea, sin embargo, hay comunidades autónomas que han decidido ponerse manos a la obra y establecer sus propios requisitos de calidad y seguridad.

La pionera fue Andalucía, que impulsó, mediante su Agencia de Calidad Sanitaria, el primer sello español de app saludable. El distintivo evalúa criterios de calidad, diseño, seguridad de la información, prestación de servicios y confidencialidad de aplicaciones de iniciativa tanto pública como privada y de forma gratuita. En Cataluña también se está trabajando en este ámbito. Por un lado, el Departamento de Salud, mediante la Fundación TIC, está pilotando un sistema de certificación de apps. Y, por el otro, la Agencia de Calidad y Evaluación Sanitarias (AQuAS), el Mobile World Capital, la UOC y un grupo de organizaciones internacionales, entre ellas la Universidad de Tromsø (Noruega), están diseñando un marco global de evaluación de la salud móvil que está previsto que se publique esta primavera.

Aparte de la labor que están haciendo las comunidades autónomas, cada año se publican listas de las aplicaciones mejor valoradas. Una de las más conocidas es la iSYS score, que está elaborada a partir de las opiniones de los usuarios, desarrolladores y profesionales de la salud.

Poca fidelización

La investigadora deja claro que la utilización de estas apps no tiene los «efectos indeseados» que pueden causar algunos fármacos. Ahora bien, sí hay “amenazas” que hay que tener en cuenta. La primera es su falta de fidelización. Hay pocas que hayan conseguido una estabilidad a largo plazo.  “Algunos estudios indican que un 70% de los enfermos crónicos que utilizan una aplicación para su propio cuidado o monitorización dejan de usarla seis meses después de habérsela descargado”, apunta la profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud. Un estudio realizado por investigadores norteamericanos concluye que el 80% de estas apps se abandonan en solo dos semanas.

Otro inconveniente es que están pensadas para que sean útiles para todos. “Cada persona, sin embargo, es un mundo; sería recomendable una personalización a partir de diferentes perfiles”, aconseja Carrion.

Además del polémico tema de la propiedad y protección de los datos, la tercera gran amenaza es la desacreditación que puede sufrir este producto por parte del usuario si el primero que prueba no le funciona. “Es lo que se conoce como oportunidad perdida. Una persona que ha intentado dejar de fumar mediante una aplicación y no lo ha conseguido será muy reacia a probar una segunda que esté mejor diseñada y validada, aunque se lo recomiende algún profesional de la salud”, matiza.

Consejos de selección

¿Qué pasos, pues, deben seguir los usuarios para tener una mínima garantía de que la aplicación que se descarguen es de calidad? El primero, recomienda Carrion, es hacer una búsqueda en Google sobre el producto que buscan, y posteriormente, mirar en diversos foros qué opinión tiene la gente para poder hacer una elección inicial de cuatro o cinco aplicaciones. El siguiente paso es buscar que tengan una evidencia científica; para hacerlo, una buena herramienta es el PubMed. Y, por último, es aconsejable que al menos dos personas prueben la aplicación seleccionada. “Si es una app sobre el sueño, debería utilizarla alguien que tenga problemas para dormir y alguien que no para ver si detectan diferencias”, explica.

Para garantizar un producto de calidad, Carrion insiste en que en todas las etapas de su creación debería hacerse un trabajo transversal en el que participen tecnólogos, profesionales de la salud serán diferentes en función del objetivo del producto y expertos en legislación y en manejo de datos. El otro gran reto que hay que afrontar es la obsolescencia que sufren estas apps. 

Fuente: IM Médico