En el trabajo se han analizado durante unos 9 años a 162.534 adultos de entre 35 y 70 años (58% mujeres) en cuatro países de ingresos altos (Canadá, Arabia Saudita, Suecia y Emiratos Árabes Unidos), 12 de ingresos medios (Argentina, Brasil, Chile, China, Colombia, Irán, Malasia, Palestina, Filipinas, Polonia, Turquía y Sudáfrica) y cinco de ingresos bajos (Bangladesh, India, Pakistán, Tanzania y Zimbabwe).
 
De esta forma, los expertos han comprobado que las muertes relacionadas con una enfermedad cardiovascular eran 2,5 veces más común en adultos que vivían en países pobres, en comparación con aquellos que residían en estados ricos. A juicio de los investigadores, esta diferencia se puede explicar porque estos pacientes tienen una peor calidad en la atención médica, ya que, tal y como han comprobado, las primeras tasas de hospitalización y el uso de medicamentos para tratar las enfermedades cardiovasculares son sustancialmente menores en las regiones de bajos y medianos ingresos.
 
“El mundo está presenciando una nueva transición epidemiológica entre las diferentes categorías de enfermedades no transmisibles (ENT), ya que la enfermedad cardiovascular ya no es la principal causa de muerte en los países ricos”, ha dicho el autor principal del trabajo, Gilles Dagenais.
 
Y es que, según el informe, el cáncer fue la segunda causa más común de muerte a nivel mundial en 2017, representando el 26 por ciento de todos los fallecimientos, si bien a medida que las tasas de enfermedad cardiovascular continúen disminuyendo, el cáncer podría convertirse en unas “pocas décadas” en la principal causa de muerte en todo el mundo.
 
En concreto, mientras que la incidencia de enfermedad cardiovascular es de 7,1 por cada 1.000 personas en los países pobres, en los países de medianos ingresos se sitúa en el 6,8 y en los ricos en el 4,3. Por el contrario, el cáncer, la neumonía, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica son más comunes en las regiones de altos ingresos.
 
Asimismo, un informe adicional del estudio ‘PURE’, también publicado en ‘The Lancet’ y presentado simultáneamente en el Congreso ESC 2019, ha analizado la incidencia de 14 factores de riesgo modificables de la enfermedad cardiovascular en 155.722 personas sin antecedentes de padecerla.
 
En general, los factores de riesgo modificables, incluidos los factores metabólicos, conductuales, socioeconómicos y psicosociales, la fuerza y el medio ambiente, representaron el 70 por ciento de todos los casos de patología cardiovascular a nivel mundial.
 
Sin embargo, la relación entre los factores de riesgo cardiovascular y la mortalidad varió ampliamente entre países en diferentes etapas de desarrollo económico. Para las muertes, los factores que más influyeron fueron los relativos al comportamiento (como la obesidad), si bien en los países de medianos y bajos ingreso fueron los involucrados con la contaminación, bajo nivel escolar y mala alimentación.
 
“Lo que es notable es que varios factores de riesgo que tienen un gran efecto, como la fuerza, la baja educación y la contaminación del aire interior y exterior se han subestimado en el pasado y han resultado ser más importantes que otros a los que hemos prestado mucha más atención, como obesidad o sal”, ha zanjado el investigador principal de este trabajo, Philip Joseph.
Fuente: Médicos y Pacientes