Desde que el estado de alarma impuso el teletrabajo, millones de ciudadanos han tenido que adaptarse a un modo y un tiempo de trabajo que en muchos casos los desbordan. Tanto es así que, si dependiera de ellos, a sólo 3,4 trabajadores de cada diez les gustaría seguir teletrabajando cuando acabara el confinamiento, según la IV Encuesta Funcas sobre el coronavirus.

Una de las razones para trabajar desde casa no guste a la mayoría es que las jornadas son más largas. Según un análisis de NordVPN recogida en Forbes, desde casa trabajamos como mínimo dos horas más que cuando íbamos a la oficina. Y la falta de preparación para esta opción de trabajo puede estar detrás de estas jornadas tan largas. Pasar de un teletrabajo prácticamente inexistente como era el caso del estado español a un teletrabajo a tiempo completo es algo que, en circunstancias normales, habría sido planificado cuidadosamente, tanto desde el punto de vista tecnológico, como adaptando las formas de organizar y dirigir el trabajo.

NO HAY DESCONEXIÓN: JORNADAS LARGAS

Una de las causas principales que los trabajadores estén desbordados es que, ante la demanda por parte de la empresa y la autoexigencia que nos imponemos presionados por la situación económica, la desconexión se vuelve casi imposible. Según un estudio publicado en GlobalWebIndex, el 74% de los que teletrabajan revisan el correo fuera del horario laboral, frente al 59% de los que no trabajan desde casa. Desde el confinamiento empezamos antes la jornada y, sin embargo, no acabamos de trabajar antes. Hay datos que muestran incluso picos de actividad entre las doce y las tres de la madrugada, que no eran frecuentes antes del comienzo de la pandemia.

El problema es que todavía no hay una cultura del teletrabajo verdadero que nos lleve a separar el espacio del hogar destinado al trabajo del resto de nuestras tareas o tareas cotidianas, sin embargo, existe el derecho a la desconexión digital. Hay que recordar lo establecido en el artículo 88.1 de la ley orgánica de protección de datos. No se puede sancionar a los trabajadores que no consultan el correo o el teléfono particular fuera de la jornada laboral. A pesar de ello, la presión juega en contra del trabajador. El contexto -el confinamiento-, el miedo de perder el trabajo -extender horarios para mostrar nuestro compromiso- y una cultura de la presencialidad -asegurar que los trabajadores están conectados- puede que no ayuden.

IMPOSIBLE CONCILIAR

Otra de las razones que hacen que aumenten los niveles de estrés de los teletrabajadores es que la conciliación se ha convertido en una fantasía aún más difícil de conseguir que antes del estado de alarma. Mantener la escuela y el trabajo en un mismo espacio y tener tiempo, además, para atender a las personas mayores dependientes si también conviven con la familia mientras se entretiene a los niños es casi imposible, como así lo explican testimonios de familias y expertos.

Las empresas pueden al menos no aumentar el estrés de la situación con algunas acciones relativamente sencillas. Entre estas acciones, se debe mostrar empatía con las situaciones personales (por ejemplo, normalizar que aparezcan niños o mascotas durante las reuniones o que alguien tenga que dejar momentáneamente una reunión para atender a su bebé), y el ejemplo personal de las personas en puestos directivos es fundamental en este aspecto; y facilitar que cada persona establezca sus propios horarios entendiendo de manera flexible.

Los tres errores más graves

La imagen creada en la sociedad actual de la manera improvisada de trabajar desde casa a raíz del confinamiento es una de las preocupaciones de los expertos en trabajo flexible. El teletrabajo tiene efectos positivos que socialmente no se pueden despreciar. Pero debemos saber los desajustes que de manera individual o colectiva se han producido. Por eso advierten que es clave entender que este teletrabajo de pandemia que hemos adoptado no es una forma correcta de teletrabajo. La mayoría cometemos algunos errores que son un buen indicativo de que no teletrabajo adecuadamente. Estos son los más importantes:

– ESTAR SIEMPRE DISPONIBLE. Se genera la idea de que el teletrabajo implica estar siempre disponible y conectado, lo que resulta estresante, improductivo y va en contra del derecho a la desconexión digital. Hay que entender que el teletrabajo en realidad consiste en dejar que la gente se organice el tiempo como le convenga para que pueda entregar los resultados acordados en un plazo concreto. Las personas con cargo directivo deben olvidarse de intentar saber qué hacen en todo momento sus colaboradores y deben aprender a darles autonomía dentro de unas referencias claras.

– SEGUIR HORARIOS EXTENSOS. Si nos encontramos trabajando a toda hora, sin descansos y durante el fin de semana y todo, algo hacemos mal. La referencia es trabajar un número de horas que nos permita descansar y hacer otras actividades más allá del trabajo (vida social y familiar, ocio, ejercicio, etc.).

– NO TENER DESCANSOS. Tampoco es recomendable trabajar sin parar, incluso aunque hablamos de una jornada razonable. Lo ideal es hacer descansos breves a lo largo del día (cinco minutos cada media hora, 15 minutos cada dos horas, una pausa más larga para comer …) y moverse para hacer estiramientos que eviten los problemas musculoesqueléticos asociados al trabajo sedentario.